El reino aritmético

El verano debería ser tiempo de lecturas relajadas y discretamente hedonistas. ¡Es tan largo el invierno!

El reino de la aritmética. Los números cuentas más en política que las voluntades. Las ideologías son un mero escaparate; una prenda con la que vestir un ansia de poder, un objetivo materialista al que llegar sin más mérito que despejar al rival de nuestro horizonte. Asistimos a lo que ya vivimos en nuestra ciudad (adelantada para ello en su condición de cubeta experimental de muchos fenómenos). Aquí, hace tiempo, los alcaldes se cambiaban como okupas; te ibas de vacaciones y había uno nuevo... El asalto al poder se cocinaba sobre manteles de hilo blanco en los reservados de los restaurantes más prestigiados. Negociaciones que solían alcanzar su momento decisivo de madrugada al sonido de los hielos en los combinados. Algunos lo hacían a plena luz del día, sin el más mínimo reparo, ni conocimiento. 
Esta ciudad ha vivido episodios antológicos a esos niveles. Pero las elecciones (la voluntad del pueblo) trajeron a Ceuta fenómenos sociológicos como respuesta al hastío y a la parálisis de la gestión; al nepotismo de un necio a cada sorbo de Chivas. 
Llego el GIL. Ganó las elecciones. El frentismo los freno en un primer momento, pero finalmente gobernó. Las urnas habían castigado a un PP desinhibido de la realidad social de la época, abandonado a la suerte de la incapacidad, con una ciudad soliviantada, y seducido por una cohorte de regala oídos. Pero desahuciado, encontró en el PSOE su peor enemigo. Este partido envió a Jauregui para decidir sobre la gobernabilidad de la ciudad, y en contra de una legítima razón: el resultado electoral. Y sin más encomienda, ‘ordenó’ apoyar a un gobierno del PP; el PSOE se deslegitimó originando una cascada de dimisiones que llevarían a Susana Bermúdez al escaño. Pero esa es la próxima historia...

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